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ELENCO DE CABALLEROS Y DAMAS DEL REINO DE ESPAÑA


1º) Introducción.


Es un hecho conocido como natural y que viene produciéndose desde los primeros tiempos de la humanidad, que en toda sociedad hacen su aparición grupos de personas que, bien por su saber, por la situación económica de que disponen o por valor en la guerra, prestan destacados servicios a la colectividad interviniendo destacadamente en sus negocios públicos, bien sea en el campo de la política, la economía, la defensa del territorio nacional, el progresismo en las artes, en las ciencias, etc. La sinceridad y el rigor histórico obliga a efectuar ciertos reconocimientos a estas personas que fueron las que constituyeron lo que en principio se denominó nobleza.

La nobleza, si tiene algún sentido, es el de servir a los demás siquiera sea a través de un recuerdo o de un ejemplo permanente que estimula las voluntades. Algo más que la pura y simple ostentación de una distinción que diferencia. Un motivo más que obliga a ser ejemplo para mantener la posesión de algún modo privilegiada, especialmente cuando el privilegio se fragua en sacrificio, conductas o actitudes dignas de ser emuladas porque sólo entonces es verdadera distinción merecida y por serlo justificable en su mantenimiento.

Para Bernabé Moreno de Vargas en su «Discursos de la Nobleza de España», la palabra noble, entre nosotros, se deriva de las latinas notabile o noscibile, que significan respectivamente notable y conocido y en ambos casos, notable y conocido por bueno y virtuoso, según conviene al citado autor al que siguen otros muchos tratadistas. Pero se hace necesario inmediatamente distinguir entre dos diferentes momentos de perfeccionamiento de la nobleza, una vez aceptada su etimología, nos referimos a esa dualidad que existe entre lo que de antiguo viene llamándose nobleza moral, espiritual o de mérito, que tiende a la excelencia y la que se designa como nobleza civil o política. A Mariano Madramany en su «Discurso sobe la Nobleza de Armas y Letras» le parece que nobleza natural o moral es la que compete a todos los que ganaron fama y reputación por sus virtuosas y esclarecidas acciones en servicio de Dios, del Rey y de la Patria, cobrando estimación o ventaja sobre los otros, y nobleza civil o política la concedida por el Príncipe o por sus leyes, como legítima declaración de la primera. Añade Moreno de Vargas, recogiendo la doctrina de Bártulo de Sassoferrato, que considera que la nobleza sólo puede alcanzarse por dos caminos que establece la Ley 12, Título XXI, Partida 11 del famoso Código del Rey Sabio: A) Por el saber, donde incluye la práctica de todas las Ciencias y Artes Liberales, y B) Por bondad de costumbres donde incluye los hechos notables de los hombres realizados en la guerra o en la paz; estos dos caminos sólo pueden originar nobleza política, cuando hayan sido declarados por el Soberano.

Como ejemplo, es de recordar que una ley de Partida concede el tratamiento de conde a los profesores de jurisprudencia que llevasen veinte años de enseñanza; otra, privilegio de nobleza a los doctores y licenciados que una pragmática de Carlos III extiende a las familias de los que durante tres generaciones ejercitasen oficios mecánicos con adelantos notables en sus artes respectivas.

¿Cómo se alcanza la nobleza? En el pasado, se hacía principalmente a través de los hechos de armas, las Cruzadas, las guerras por la independencia patria, la conquista del Nuevo Mundo etc. Hoy, la nobleza puede adquirirse de muchas formas: La sabiduría en el gobierno de una nación, los servicios eminentes al Estado, los sabios y científicos que con su labor contribuyen en modo decisivo al progreso del país, los méritos relevantes en las ciencias, así como en todos los campos de las Bellas Artes, la literatura, la pintura, etc. También en la industria que contribuye a la riqueza nacional, en fin la nobleza se alcanza distinguiéndose notablemente en aquello a lo que se dedica la vida de una persona, siempre y cuando esa actividad repercuta en el bien de la nación, social, cultural, industrial o científicamente.

Como ya hemos dicho, en la nobleza existe aquella de condición heredada en que las personas nacen nobles en su familia, y aquella otra de condición que llamaremos social o natural, es decir, la que se consigue a través de méritos que se consideren de interés público. Aquellas personas que son nobles de sangre por nacer en el seno de una familia noble, tienen la obligación de comportarse de modo ejemplar en su día a día, intentando así superar los méritos ganados por sus antepasados, es decir, tiene que comportarse con nobleza y generosidad. Aquellas personas que no naciendo en una familia noble alcanzan la nobleza natural, moral, espiritual o de mérito, demuestran con su esfuerzo diario su nobleza y generosidad.

La nobleza es Historia viva y precisamente por serlo, necesita de una permanente adaptación a la constante mutación del medio. Y aquí radica una de sus originalidades más destacadas: el mesurado equilibrio en que se mantienen sus instituciones entre el pasado y el presente, armonizando lo vetusto con lo innovador, lo inamovible con lo que puede y debe evolucionar.

La nobleza se ganó un puesto de honor en la Historia de España, pero tiene que ganar, día a día, su derecho a mantenerlo. Y quizá sea esto más difícil, pero no menos necesario, si no se quiere ver instalada en el anaquel de los trastos viejos e inservibles. Una nobleza que sirva a la sociedad de cada día; que sea ejemplo y estímulo para cuantos la conocen y rodean. Por ello, es del todo necesario el imperecedero reconocimiento público de la nobleza de mérito como continuadora, junto a la de sangre o de privilegio, de tantos logros y merecimientos alcanzados por el esfuerzo de las personas de noble espíritu y su natural tendencia a la excelencia. No puede ser que la nobleza no titulada se nutra únicamente de descendientes. Es necesario que se incorporen a sus filas, como desde tiempo inmemorial, personas que a través de sus méritos, den origen a nuevas cabezas de linaje.

Según la segunda acepción del diccionario de La Real Academia Española, mérito es el resultado de las buenas acciones que hacen digna de aprecio a una persona.

Como decía el insigne tratadista don Vicente de Cadenas y Vicent: “Quizá entre todas las noblezas la de mérito es la más genuina, la auténtica y verdadera de ellas. Es la alcanzada por un individuo en virtud de sus hazañas, méritos para con la sociedad. Hoy, esta nobleza, esta distinción, queda cifrada a la concesión de una condecoración, concesión que, como en aquel entonces, es el principio, el reconocimiento de un mérito, es decir, el ennoblecimiento, llevándolo a aquella época, de la persona. Como en la nobleza, estas concesiones o distinciones tienen también su graduación en orden a la importancia de los méritos contraídos por el individuo. Cosas ambas muy similares, pero que la nobleza, en atención a las circunstancias de la vida, únicamente pueden asimilar a la primera, a la más alta de estas distinciones actuales, para que pueda ser tenida en cuenta y considerada como principio de ennoblecimiento. La nobleza de mérito es, indudablemente, se quiera o no se quiera, el arranque de toda nobleza, así ha sido, es y tiene que continuar siendo. El noble de sangre es consecuencia y proviene de algún antepasado que llevó a cabo un hecho meritorio”.

2º) La Caballería.


Los caballeros, en su origen, no pertenecían a la nobleza propiamente dicha. Eran hombres que poseían medios suficientes para mantener caballos con los que ir a la guerra, y los reyes pagaban sus servicios concediéndoles prerrogativas al estilo de las de los infanzones y los hidalgos. Numerosas veces pertenecían al estado llano gente enriquecida que llegaban a constituir como una segunda nobleza. Junto con los infanzones y nobles de sangre, los caballeros constituían la "mesnada" o ejército de corte señorial y gozaban, naturalmente, de un estado de privilegio. Al caballero no se le exigía poseer hidalguía, bastaba que le fuera concedida por quién podía hacerlo y en un comienzo lo único que se le exigía era tener caballo y armas para combatir. En un principio, lo único que interesaba a los reyes era que los caballeros fueran hombres de armas pero con el tiempo, este estado de cosas se fue transformando, creándose determinadas leyes para ser considerado caballero.

Así por ejemplo, Juan Mathias Estevan y Eraso en su obra «Linages de Nobles e Infanzones del Reyno de Aragon y sus descendencias» afirma lo siguiente sobre los caballeros: “Caballero es dignidad el serlo, según Molina, y así lo es el que actualmente es armado Caballero, y para serlo, ha de ser Noble, o Infanzón o Ciudadano de Zaragoza, que estos por privilegios de los reyes, gozan de privilegios de infanzones, y así pueden ser armados Caballeros y también puede el Rey en la guerra armar Caballeros aunque no sean infanzones. El descendiente de Caballero por línea de varón, queda en Infanzón, sea legítimo o no lo sea, hembra o varón, y aunque sus hijos sean nacidos antes que él fuese promovido a Caballero, quedan Infanzones. Los Caballeros, a más de los privilegios de los Infanzones, los cuales tienen ellos, tienen que estos, ni sus hijos, ni nietos, no son tenidos de hacer salva por su infanzonía de ellos. El Caballero puede bien armar Caballero a cualquier noble, o Infanzón, o Ciudadano de Zaragoza”.

Varias son las acepciones que el diccionario de la Real Academia Española asigna a la palabra caballero. Tres de ellas son las que interesan a nuestro propósito:

1. Hidalgo de calificada nobleza.
2. Hombre que pertenece a una orden de caballería.
3. Hombre que se porta con nobleza y generosidad.

Si bien las dos primeras, podríamos decir, que proceden del pasado (las que lógicamente iban acompañadas de la tercera acepción), es la tercera acepción la que enlaza y debe enlazar con el presente, con la modernidad, con la adaptación a la sociedad actual del siglo XXI, sin que por ello se haya de excluir a las anteriores, continuadas por la sangre de sus herederos.

El acceso a la nobleza nunca fue, ni debe ser, un camino cerrado para nadie que a través de su esfuerzo sea digno de alcanzar tal reconocimiento. En referencia a la nobleza apuntó el insigne filósofo don José Ortega y Gasset que “los derechos que en su día tuvo la nobleza no son originariamente concesiones o favores, sino, por el contrario, conquistas”.

Hoy en día comportarse con nobleza y generosidad es patrimonio de aquellos que se esfuerzan cada día por mejorar y, cuyos méritos son reconocidos por terceros, haciéndoles merced de la más que merecida condecoración, título, admisión o privilegio.

3º) El Elenco.


Partiendo de todo lo argumentado anteriormente, es propósito de este Elenco de Caballeros y Damas del Reino de España, aglutinar a todas aquellas personas, que sean nobles por nacimiento o privilegio, o que sean nobles por méritos propios y, que se comprometan con los principios y códigos morales de la Caballería, es decir, rectitud, benevolencia, cortesía, veracidad y sinceridad, honor y lealtad.

No es intención de este Elenco ser una corporación, asociación, congregación, etc., al uso tradicional que todos conocemos, sino un Elenco en su más pura acepción, es decir, catálogo o índice de personas, en este caso cuyo punto de encuentro es la Caballería, con la sana intención de dar continuidad hacia el futuro de sus valores tradicionales, tan necesarios en todo momento, para no dejar morir el compromiso con la sociedad, característica imperecedera de la verdadera nobleza. No podemos permitir que la nobleza sea desterrada de la sociedad, ya que provocaría la extinción del efecto de su gran ejemplo, que de sutil manera la impregna por imitación. Como decían en 1814 los firmantes del manifiesto de los persas, “excluir la nobleza… deja sin esplendor la sociedad y se la priva de los ánimos generosos para su defensa”.

En su momento, una vez llegado al punto de suficiencia, se editará este Elenco en formato de libro, donde constarán los datos de la persona así como los motivos de su inscripción, para su posterior adquisición a precio razonable. El precio de adquisición se indicará en el momento oportuno.


4º) Condiciones para inscribirse en este Elenco.


Partiendo del principio de objetividad en cuanto al reconocimiento de causas admitidas para la inscripción, es necesario diferenciar entre aquellas personas con nobleza de sangre o privilegio y aquellas con nobleza de mérito.

• Los nobles de sangre o privilegio podrán inscribirse demostrando que pertenecen a alguna corporación, asociación, congregación, cofradía, etc., donde sea necesario probar nobleza de sangre o privilegio para su ingreso. Las personas que no pertenezcan a ninguna corporación, deberán aportar la documentación necesaria para probar su nobleza de sangre o privilegio.

• Los nobles de mérito podrán inscribirse demostrando que pertenecen a alguna corporación, asociación, congregación, cofradía, etc., donde sea necesario probar algún grado de excelencia, de calidad, de méritos o de compromiso con altos valores espirituales y sociales (que constituye lo que podría denominarse como nobleza de espíritu) para su ingreso. Las personas que no pertenezcan a ninguna corporación, deberán aportar la documentación necesaria para demostrar sus méritos. En este particular, es necesario ser enormemente objetivo para no cometer errores y es por ello por lo que los méritos reconocidos (en el caso de no pertenecer a una corporación) han de emanar de fuentes públicas, como son el Estado, Ejército, Autonomías, Ayuntamientos, Universidades y Academias, principalmente. Así por ejemplo, podrán inscribirse los Doctores en cualquier disciplina, los Catedráticos, los Académicos, los condecorados por cualquier administración, ejército, universidad, academia, etc.

En el siguiente enlace se publica una lista no exhaustiva de aquellas corporaciones, méritos, etc., que permiten la inscripción en este Elenco.

Lista.pdf

Una vez se compruebe la veracidad y suficiencia de las pruebas aportadas, se emite un documento (en forma de diploma o carta patente), firmado y sellado por el Director General de este Elenco.

• Los nobles de sangre o privilegio se inscribirán como Caballero o Dama de Justicia.

• Los nobles de mérito se inscribirán como Caballero o Dama de Mérito.

5º) Quienes pueden inscribirse en el Elenco.


• Pueden inscribirse todos los ciudadanos españoles, que puedan probar su nobleza (de sangre o privilegio, o de mérito), pudiendo proceder los méritos tanto de España como de cualquier otro país o institución internacional.

• Pueden inscribirse todos los ciudadanos no españoles, que puedan probar su nobleza (de sangre o privilegio, o de mérito), mientras los méritos procedan de España.

6º) Importe de la inscripción.


Haciéndonos eco de que para que todo Caballero o Dama, sea tenido por tal debe comportarse con nobleza y generosidad, nos parece de gran importancia comprometerse con los más débiles de la sociedad desde el principio. Así, el importe total de inscripción es de 55 euros, asignados de la siguiente manera:

• 30 euros destinados al peritaje de las pruebas genealógicas, nobiliarias y meritorias, inscripción, asiento y registro en el Elenco, emisión de diploma-carta patente y pago de los correspondientes impuestos y tasas.

• 5 euros destinados a cubrir los gastos de envío de la documentación al destinatario.

• 20 euros destinados como donativo a la Fundación Reina Sofía, fundación mixta de carácter benéfico y cultural, sin fin lucrativo y de naturaleza permanente. Fue constituida el 17 de mayo de 1977 con un pequeño capital aportado personalmente por Su Majestad la Reina. En la actualidad colabora con Cruz Roja Española, Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, Fundación Bobath, Fundación Banco de Alimentos de Madrid, Federación Banco de Alimentos, Fundación Agua de Coco, Fundación Promoción Social de la Cultura, Asociación Española de Padres de Niños con Nutrición Parenteral, Fundación CIEN, Ceberned, Fundación General de la Universidad de Salamanca, Manos Unidas, Cáritas, Fundetec, Fundación Adra, Coordinadora Estatal Plataformas Sociales Salesianas, Hospital Universitario La Paz, F.E.M.A.D., Obra Social San Juan de Dios, Ayuntamiento de Lorca, Probitas, Fundación Cear y Normon, además de múltiples acciones sociales internacionales.

7º) Procedimiento de solicitud de inscripción.


Para solicitar la inscripción en el Elenco, el interesado:

1º Debe hacernos llegar un escrito de solicitud en el que consten todos sus datos personales (nombre, dirección, teléfono, etc.).

2º Debe aportar toda aquella documentación necesaria y suficiente para probar su nobleza. Si se pertenece a una corporación, o se posee un título, grado, condecoración, etc., bastará con la presentación de una fotocopia del documento acreditativo correspondiente.

Para más información rellene el siguiente formulario:

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Notas:
 
     
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