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CIENCIAS COMPLEMENTARIAS DE LA GENEALOGÍA


Bibliología


La Bibliología es la parte de la Diplomática que estudia el material sobre el cual se escribe, circunscrito en nuestro caso al papel y al pergamino, filigrana que existe en el primero, instrumento de escritura y tinta con la cual se realiza la grafía. Todo ello juega un papel importantísimo cuando se presenta alguna duda sobre la autenticidad de un documento antiguo.

Las superficies para la escritura han sido múltiples y a partir de las tabletas, se recorre un amplio campo que pasa fundamentalmente por el papiro (carta fabricada con el meollo de las plantas), el pergamino, material obtenido de las pieles de animales, hasta llegar al papel, que por su bondad y facilidad para fabricarlo, unido a su precio, se impuso rápidamente.

De procedencia china, los árabes fueron sus primeros introductores en el Occidente. Su invención ha sido una de las más importantes para difundir la civilización humana. De la seda, se fue pasando a los filamentos de plantas, hasta llegar a las coladas actuales, mezcla de varias, para obtener una pasta óptima y dedicarla a los diferentes usos para los cuales se emplea. Definitivamente se han impuesto la pulpa de madera blanda y la celulosa. Los grupos de papeles corresponden a la siguiente clasificación: impresión, secantes, embalaje, valores y especiales.

-Filigrana. Se produce por originarse un adelgazamiento del molde, por cuyo procedimiento el llamado papel de tina reproduce un dibujo o marca de distinción que se aprecia fácilmente y que sirve para su identificación. Las filigranas se dividen en animales, vegetales y artificiales.

-Instrumentos escriptóricos. Son aquellos utensilios que se emplean para la grafía: punzones y plumas, y como auxiliar el tintero. Los primitivos instrumentos consistían en un punzón, garfio o estilete de hueso, marfil o metal para rayar la materia sobre la que se escribía. Cálamo con el cual se escribía mediante un líquido. Estampas eran moldes móviles para reproducir los escritos. Se puede considerar como el precursor de la imprenta. La pluma de ave se introduce hacia el siglo V y es la verdadera revolución en la escritura. Después de su preparación y desengrase se cortaba adecuadamente, con lo cual se obtenían trazos finos y gruesos según la necesidad y la posición de la pluma. En el siglo XIX aparece la pluma metálica, que rápidamente se impone, relegando al resto de los instrumentos. De aquella se evoluciona a la estilográfica y posteriormente el bolígrafo aparece en la segunda mitad del siglo XX. El tintero, que tuvo capital importancia hasta la aparición de la pluma estilográfica, ha quedado relegado rápidamente ante ella y el bolígrafo.

-Tinta. El origen de la tinta se remonta a los chinos y sus principales materias de fabricación han sido la goma laca, el negro de humo y el alcanfor. Posteriormente, las nueces de agalla, las sales de hierro, que se fueron eliminando por los deteriores que originaban en el papel, y con otra serie de productos de menor importancia se llega a los actuales colorantes derivados del alquitrán, que tienen como propiedad la variación de color por el contacto con el aire y su fijación con mayor intensidad por la acción del tiempo.

Muchas tintas antiguas han traspasado los papeles y otras se han decolorado. Para éstas se emplean varios procedimientos para avivarlas y el uso de los rayos ultravioletas con los cuales se logra leer aquellos escritos que el tiempo prácticamente ha destruido.

-Tinta tipográfica. Es de gran importancia, pues gran cantidad de documentos llevan impreso una parte notable de su texto. Esta tinta se comenzó a obtener en el siglo XV con negro de humo y aceite de lino, extendiéndola por frotamiento directo sobre los tipos. Durante el siglo XIX se la añaden sustancias volátiles, y en el XX barnices y secantes, obteniendo volatilizaciones casi instantáneas de la impresión, eliminando con ello repasos de la misma y manchas por su manejo.

Los elementos de que se componen las tintas en la actualidad varían notablemente según su destino. A los citados elementos clásicos se les han ido añadiendo colorantes obtenidos de los petróleos y antracitas y a las de la prensa se las unen resinas para obtener mayor penetración.


Diplomática


De diploma deriva Diplomática, que es la ciencia que nos enseña a conocer y apreciar con exactitud los documentos antiguos, distinguiendo los verdaderos de los dudosos o falsos. Mientras que la Paleografía se limita a enseñarnos a distinguir y leer los diferentes caracteres de letras, la Diplomática examina la procedencia y origen legítimo de los documentos, los interpreta y los da su verdadera significación.

Los documentos se dividen en tres grandes grupos: actas, cartas y documentos varios. Actas son los testimonios escritos, redactados en forma determinada, sobre hechos de naturaleza jurídica. Las Cartas se refieren a las misivas personales y su relación varía según el tiempo y el origen. Documentos varios son todos aquellos que no entran en las dos clasificaciones anteriores.

Los documentos por su naturaleza se dividen en eclesiásticos y civiles, y por su solemnidad en públicos y privados. Los públicos son aquellos que se realizan ante una autoridad, mientras que los privados los autorizan las firmas de los que intervienen en ellos.

La compilación de los diplomas se divide en tres clases: registros reales, que son aquellos libros en los que se insertaban las concesiones regias. Registros de fe pública, en ellos figuran nombres y firmas de los contrayentes con el notario o letrado que los autoriza. Los cartorales son colecciones de documentos, unas veces originales y otras copias de aquéllos.

Las llamadas cartas partidas, en cuya partición aparecen letras o filigranas, impiden que se puedan efectuar falsificaciones, motivo por el cual tuvieron gran aplicación. Hoy en día se emplean fundamentalmente en documentos de pago y los cortes se efectúan por medio de trazados ondulares, dentados o rectos, con ellos se trata de dividir la filigrana para que resulte más difícil hacerla coincidir en cualquiera de ambas partes en los intentos de falsificación.

Por referirse fundamentalmente la Diplomática a documentación oficial que no afecta directamente a cuanto se plantea y se puede practicar con las aficiones genealógicas de quien se inicia en esta ciencia, se omiten diferentes clasificaciones de documentos civiles y eclesiásticos, en los que queda dividida aquélla.


Análisis de los documentos


Las personas que intervienen de manera directa en la formación y preparación de un documento suelen ser tres: la que lo hace, o por su orden o en su nombre se redacta; aquélla a quien va destinado, y la que, a petición de la primera o segunda, lo escribe o autoriza. A la primera se la llama autor, a la segunda destinatario y a la tercera rogatario.

Los autores son quienes realizan la acción documentada y, por tanto, virtualmente son quienes hacen el documento, aunque materialmente no lo realicen escribiéndolo.

La acción del destinatario suele ser, generalmente, pasiva en cuanto a la redacción del documento, pero es imprescindible en cuanto a la ejecución del mismo, ya que éste no tiene carácter ejecutivo mientras no se haya efectuado su entrega. Sin embargo, en ciertas actas tiene una acción directa, como es en la compra-venta, alquileres, etc.

El rogatario es el autor material del escrito. Los documentos suelen ser escritos por rogación o mandato de terceros a la persona que ejerce dichas funciones por profesión liberal -notario- o por profesión pública -secretarios de los registros civiles-, como ejemplos más significativos.

El documento se divide en dos partes: protocolo y texto. La primera va dedicada a las fórmulas inicial y final que constituye el marco del documento. Su parte interior contiene el hecho documental en su aspecto jurídico o literario.

El documento se forma mediante varios actos consecutivos: orden de compilar o escribir el documento; minutación del mismo; transcripción definitiva; cotejo y autenticación mediante las oportunas formas legales, envío y entrega al destinatario.

Las Cancillerías eran y son las oficinas en donde con ese u otro nombre, ahora, se despachan los documentos. Proceden de la palabra latina cancellarius, que significa guarda de borradores y, a través de su evolución se llega a designar la oficina en donde se redactan y quedan los documentos.

El notariado es una institución romana. A través de una larga evolución se llega al notario actual, el cual sirve para la autenticación de documentos, establecimiento de cláusulas y otros negocios jurídicos, los cuales reciben valor legal por medio de la firma y signos del notario elevándolos a públicos y dando al compromiso todo el valor legal.

El protocolo, como hemos dicho, se refiere al conjunto de fórmulas por las cuales se inicia y cierra un documento, mientras que el texto constituye el cuerpo del mismo. El documento se divide en tres maneras: introducción, parte dispositiva o expositiva y fórmulas finales. La introducción a su vez en: a) invocación, b) suscripción, c) dirección y d) salutación. El texto en: a) preámbulo, b) notificación, c) exposición, d) disposición, e) sanciones legales y f) signos de validación. El protocolo final o escatocolo en: a) fecha, b) apreciación y c) suscripción.

-Invocación. Se originó en la costumbre piadosa de no decir nada sin invocar el nombre de Dios para dar más solemnidad al documento. Muchas veces esta invocación se hace con las letras X. P., unas veces solas y otras enlazadas por una Cruz. En otros documentos figuran las letras Alfa y Omega. Estos monogramas cayeron en desuso en el siglo XIV. Otras veces es una fórmula expresa. Las fórmulas varían de una a otra Cancillería, pero los tipos más comunes son: In nomine Domini, Dei, Dei omnipotentis, según se dirija la invocación a Dios; conservando el sentido, pero variando la forma si es a Jesucristo o a la Santísima Trinidad.

Hoy se aprecia una vuelta a la antigua costumbre del monograma, empleando en su lugar una cruz.

-Suscripción. Se conoce con este nombre a la parte del protocolo que comprende los nombres, títulos y dignidades de la persona de la cual emana el documento. Normalmente sigue a la invocación, pero en varias Cancillerías está alterado este orden.

-Dirección. Está constituida por el nombre, títulos, dignidades y cualidades del destinatario. Las actas pueden ir dirigidas a una o varias personas, según se trate de gracia o compra-venta o de ejecución de un mandamiento. Las variantes esenciales son: dirigidas a todos los presentes y futuros, a los fieles de la Iglesia y a los que tengan conocimiento del acta.

-Salutación. La dirección va seguida de un saludo, al cual se suele añadir el nombre del señor y también la exposición de un deseo: paz, etc. El protocolo de las bulas se cierra siempre con la concesión de bendiciones, añadiendo una restricción si la carta va dirigida a infieles o heréticos. La salutación no se puede considerar como fórmula generalmente empleada.

-Preámbulo. Se compara éste al exordio de un discurso y por eso también se conoce con el nombre de exordio, arenga, proemio y prólogo. Sirve, como aquél, para predisponer benévolamente el ánimo de los auditores. En él se exponen las consideraciones generales de las cuales se deduce la necesidad de otorgar el diploma o se daban a conocer los antecedentes relativos al mismo. En las Cartas Reales suele referirse a la obligación que tiene el soberano de recompensar a sus fieles súbditos y la costumbre de proteger a las Iglesias; en las Pontificias se alude a la Caridad, la Justicia y los derechos y deberes de la Santa Sede. En las privadas se insertan adagios, reglas de derecho, reflexiones sobre la vanidad, o los bienes temporales. Estas frases en los documentos Castellanos se refunden en una muy general y conocida oración: «bien sabedes». Su lugar es a continuación del protocolo, pero muchas veces se halla entre la invocación y la suscripción y en algunas hasta después de la notificación.

-Notificación. Es una fórmula compuesta por algún adverbio de causalidad y que sirve para unir el preámbulo con la parte que normalmente le sigue, para anunciar una mayor atención a los interesados. No es fundamental la existencia de la notificación, pero ésta se encuentra siempre en todos los documentos que carecen de preámbulo.

-Exposición. Sigue a la notificación, con la que guarda una íntima relación. La exposición tiene el significado de relato de las circunstancias que acompañaron y motivaron el acto jurídico a que se refiere el documento.

-Disposición. En la consignación del acto jurídico, donde queda expresamente enunciado el objeto del acto y la voluntad del autor. En esta parte del acta, el autor del documento recuerda en virtud de qué poder obra. Si esta parte se refiere a propiedades suelen consignarse y enumerarse de manera detallada, así como los derechos y deberes que lleva consigo.

-Sanciones legales. Son las fórmulas que sirven para garantizar la observación del acto jurídico expresado en la disposición y se pueden clasificar en los siguientes grupos: cláusulas inyuntivas, prohibitivas, derogativas, reservativas, obligativas, renunciativas, conminatorias, menciones de formalidades diversas, anuncio de los signos de convalidación, según tengan cada uno de los caracteres expresados.

-Signos de validación. Enuncian las sanciones y remuneraciones y son fórmulas que contienen los modos de validación del documento, cumplimiento de las formalidades requeridas para la perfección legal del documento y de las disposiciones adoptadas para probar su fuerza probatoria y se mencionan las suscripciones del autor, notario, testigos y aposición del sello.

-Fecha. En la documentación diplomática tiene el significado de indicar el lugar y el tiempo en que se redactó el documento. Toda acta, para tener un valor debe indicar el lugar y el día, mes y año en que fue redactada. Su emplazamiento varía según la época, la Cancillería y la naturaleza del acta.

-Apreciación. Fórmula con la cual se da por concluida el acta felizmente. Las fórmulas más corrientes son: amén, Deo gratias, In Deo nomine feliciter, etc.

-Suscripciones. Son todas aquellas suscripciones y signaturas que les dan la fuerza probatoria y les aseguran la garantía de autenticidad, cuya naturaleza varía de manera notable y que corresponden a los otorgantes, confirmantes, testigos y notarios y que, a su vez, se clasifican en suscripciones manuales y signos rodados.


Cronología


La Cronología es la ciencia que establece el calendario y que se refleja en los documentos a través de las fechas, según unos cómputos ideados por el hombre y que en el transcurso de la humanidad han tenido sensibles modificaciones. El aspecto de la Cronología que interesa para nuestros análisis y experiencias se reduce fundamentalmente a la Era Cristiana. Esta se inicia en el año del nacimiento de Jesucristo.

Se instituye y adopta primeramente en Italia, debido sin duda alguna a la influencia del papado sobre los diferentes estados italianos; de ahí se extiende a Inglaterra, España y Francia. La Era Cristiana da comienzo el 25 de diciembre del año 743 de Roma. La Era de España o Hispánica, fue introducida en el siglo V y se inicia el primero de enero, treinta y ocho años antes de la Era Cristiana, y quedó definitivamente abolida en 1383. La égira o era de los árabes se. inicia el 16 de julio del año 622 después de Cristo, o sea el día de la fuga de Mahoma a la Meca. Existen otras varias eras, unas anteriores y otras posteriores a la de Jesucristo, pero todas ellas carecen de importancia por no haberse afirmado en un tiempo dilatado.

Los calendarios, o sea la distribución del tiempo entre determinados momentos, han variado notablemente y durante siglos se han venido realizando continuos intentos para llegar a una unificación y perfeccionamiento. Después de varias tentativas y de continuos y profundos estudios quedó establecido y mundialmente admitido el llamado calendario juliano y gregoriano, por haberlo reformado definitivamente éste último en todas las características llegadas hasta nuestros días. Posteriormente se han intentado la creación de otras eras, como la francesa, que concluyó en un estrepitoso fracaso, y, por último, en otros países aparecieron tímidamente amagos de algo que quería recordar a aquéllas. La égira o mahometana es la única que continúa con toda su vigencia entre los pueblos árabes, lo que demuestra el profundo sentir religioso de la humanidad.

En los documentos se hace constar el lugar, día, mes y año, y en algunos hasta la hora, en que se produjo. También en determinados documentos se inserta una alusión a la solemnidad religiosa del día.

La fecha tiene importancia enorme en el documento, ya que señala el tiempo y el lugar en que se redactó. Su uso se introdujo en la época romana. Las fechas unas veces figuran en el principio del documento, mientras que en otros lo hacen al final del mismo. Su emplazamiento varía notablemente según la época, la Cancillería en que se despacha y la importancia del documento.

Aunque como se ha indicado varía el lugar y hasta en determinados casos se incluye entre el texto, su punto preferido es al final del documento, que, en realidad, es el momento en que adquiere la totalidad de su valor.

Por último, y para concluir, en cuanto a la puntualización de las horas son: maitines, las tres de la mañana; prima, las seis; tertia, las nueve; sexta, las doce; nona, las quince; vísperas, las dieciocho, y completas, después de puesto el sol; pero ya en los finales de la Edad Media se comenzó a usar el cómputo actual de las veinticuatro horas del día.


Sigilografía


Sigilografía o Esfragística, es la ciencia que se dedica al estudio de los sellos adheridos a los documentos que son las copias o reproducciones o bien a de dónde proceden, que son los originales o matrices. El sello que lleva un documento sirve para comprobar su autenticidad, pues reúne características particulares por las cuales se puede llegar a establecer su legitimidad.

Íntimamente relacionada con la Diplomática, tiene, dentro de ella, una total independencia, pues se refiere a una marca que, inmediatamente concluido el documento, se fija en él, y que debe servir para garantizar su autenticidad. Además cada sello representa un período determinado y puede designar un límite de tiempo.

La Esfragística es la parte de la Sigilografía que se especializa en el estudio del sello procedente del anillo signatario.

Varias disposiciones se han ocupado en relación al empleo del sello en los documentos y quizá, sino la más antigua, sí la más importante, se debe a Juan II de Castilla, el 15 de diciembre de 1436, en la que se dispone que ningún documento se despache sin ser primeramente sellado.

El empleo del sello es muy antiguo. Griegos y romanos hicieron gran uso del mismo, lo confirmaron los Pontífices y se extendió posteriormente a la Iglesia y a la nobleza en el siglo XI. En el siglo XVI decae algo la importancia del sello, que cede terreno a la signatura del otorgante y un notario que da fe del acto, modalidad que ha venido extendiéndose hasta el presente, quedando reducido el uso del sello a los documentos de las Chancillerías y oficinas públicas y aumentando notablemente su uso desde el siglo XX con la difusión del sello timbre.

El sello se divide en matriz u original, y copia o reproducción. La matriz se realiza siempre sobre materia dura, bien sea piedra o metal. Hoy día se ha introducido la goma y el plástico. Los instrumentos empleados para las reproducciones son la prensa o estampilla. Las primeras reproduciendo el sello directamente sobre el documento y las segundas a través de la tinta tomada de un tampón o almohadilla para reproducirlo directamente sobre el documento. Las primeras se denominan improntas duras y las segundas dulces.

Las primeras clasificaciones se refieren al sello en sí y a su procedencia.

Paoli, eminente sigilógrafo italiano, las divide: por la manera de fijarse en los documentos, materia y forma de protección, forma, tamaño, inscripciones y representaciones.
Por la manera de fijarse en los documentos.-Pendientes, adheridos, grabados e impresos.
Materia y forma de protección.-Entre los metales el más usado es el plomo, sin excluir los metales nobles. La cera, coloreada o no, y el lacre, con idénticas características y la greda se empleó aunque desechándose por su fragilidad. La protección es exclusiva de los sellos pendientes y se realiza por medio de una caja. En los adheridos por tiras de papel doblados en sus márgenes.
Forma.-La común es la redonda, por repartirse la fuerza de la matriz con igual intensidad por todas sus partes. Se ha empleado la ovalada, el losanje, la rectangular y la heráldica.
Tamaño.-Sin estar sujeto a regla alguna se divide en las colecciones en pequeño módulo, módulo mediano y gran módulo. El mayor tamaño se alcanza en el siglo XVIII y el tamaño actual varía de los 3 a los 7 centímetros.
Inscripciones.-La leyenda es parte integrante del sello. De muy reducida se va ampliando progresivamente hasta ocupar totalmente la parte exterior del mismo, rodeando su figura fundamental. Se emplean las letras mayúsculas de manera constante. También en la Sigilografía antigua se aprecia el apócope y el síncopa, que consiste en la supresión de letras al final o en medio. Hoy día se introducen las iniciales que corresponden a las denominaciones de las instituciones o entidades a quien corresponde el sello.
Representación..-Es la figura que aparece en el sello y la clasificación más admitida es la siguiente: Mayestática, que suele representar a los soberanos. Ecuestre, figura de guerrero a caballo. Cazador, figura con el halcón al puño. Pedestres, personajes a pie con los adminículos o atributos de su oficio, y se dividen en: eclesiásticos, gentilicios y femeninos. Heráldico, que a su vez se divide en reales, gentilicios, eclesiásticos y corporativos. Hagiográfico, que representan figuras de Santos. Monumentales, en que aparecen monumentos o representaciones arquitectónicas. Simbólicos, que llevan símbolos. Monográficos, que reproducen monogramas.


Archivística


La tendencia general es la división en dos grandes conceptos: Archivística práctica o tecnológica y Archivista propiamente dicha o teórica. La primera se ocupa de la elaboración de las bases para el tratamiento del material y recepción, custodia, conservación y restauración de documentos, mientras que la segunda se ocupa de los métodos de clasificación y utilización del Archivo.

Archivo tiene varios significados, pero el primordial para el carácter a que nosotros lo dedicamos es el depósito para la consulta de los documentos y de su uso. Las clasificaciones archivísticas corresponden a unos conceptos perfectamente determinados, disposiciones que concuerdan con la importancia del documento, época en que se ha producido y procedencia.


Bibliografía


La Bibliografía en sí es el conocimiento de los libros, de sus ediciones y de cuantas particularidades se refieren a los mismos. Es, y aquí corresponde al aspecto que nos interesa, una relación o catálogo, de libros escritos referentes a una materia determinada.


Caligrafía


Caligrafía es, según el Diccionario de la Lengua, el arte de escribir con letra correctamente formada. Por ello, desde niños se nos ha ido enseñando a través de las diferentes variantes o letras que han ido predominando según las épocas, los sistemas de letra que en ellas imperaban, dando lugar con ello a la formación de generaciones con una escritura muy semejante por haber estado recibida del mismo maestro y corresponder a idénticos métodos.

Después, pasando el tiempo, esa caligrafía ha comenzado a reflejar la personalidad del individuo plasmado, a través de la letra, su carácter. Pero, sin embargo, es preciso tener en cuenta siempre y no olvidarlo jamás, que los diferentes sistemas caligráficos para su aplicación y para un detenido examen grafológico, tienen siempre una capital importancia, pues quien los practica los ha recibido por uno u otro método y sobre él tendrán una influencia continua y definitiva en su letra.

Además de los diferentes alfabetos modernos que se componen de las letras francesas, góticas, inglesas, itálicas y españolas, con sus diferentes peculiaridades e inclinaciones, existen también otros alfabetos que es preciso consignar para conocimiento somero y que se denominan escrituras técnicas; entre ellos, los más característicos son el de Braille, empleado para la lectura por los ciegos y que consiste en unos puntos que por medio del tacto se interpretan como letras y que a cada una de ellas corresponde un determinado número de puntos de diferentes tamaños y distintas posiciones.

El otro alfabeto técnico es el morse, empleado fundamentalmente en el telégrafo y que está constituido por puntos y rayas que significan letras que forman palabras, frases y escritos. Hoy día ha decaído mucho debido a otros sistemas más rápidos de comunicación.

Tenemos por último la taquigrafía, que es la aplicación de signos convencionales de diptongos o sílabas abreviadas para expresar palabras. Con este sistema indudablemente se gana mucho tiempo para transcribir un texto, pero también tiene el inconveniente de que por su difusión limitada queda la lectura circunscrita exclusivamente a quienes conocen dicho sistema de escritura.


Paleografía


La Paleografía es la ciencia que se ocupa de la escritura, pero más concretamente de descifrar las escrituras y fundamentalmente las antiguas, en períodos en donde nuestra investigación quedará muy alejada de sus fronteras, ya que la Paleografía alcanza los límites del siglo XVII y, a partir de esa época, la letra carece de dificultades para su entendimiento.

Los períodos en que se divide la Paleografía son tres: romano, que comprende hasta el siglo VII; escritura nacional, todas ellas derivadas de la anterior, merovingia, longobarda, anglosajona, visigoda y carolina, que se mantienen hasta el siglo XII, a partir del cual pasamos al tercero, en donde se impone la carolina en casi la totalidad de las naciones.

La Paleografía, atendiendo a su función, se divide en: a) Epigráfica o lapidaria, que se aplica al estudio de los escritos en lápidas. b) Numismática y esfragística, que se dedica al estudio de los escritos en medallas, monedas y sellos. c) Libraria o bibliográfica, dedicada a los códices y libros manuscritos. d) Documental o diplomática, que es la limitada a los escritos.

La numeración esencial corresponde a la romana, prácticamente en desuso y muy limitado su empleo a la cronología, y la arábiga, que por su simplicidad se impuso rápidamente en todos los alfabetos nacionales. En España se comienza a usar en el siglo X y se generaliza en el XVI.

El primitivo alfabeto romano se componía de 21 letras, y a través de las deformaciones fonéticas ha ido aumentando hasta llegar a las 29 de que se compone el nuestro, siendo variable de unas naciones a otras por la diferenciación fonética que fue creando la introducción de nuevas letras en el abecedario.

Las escrituras fundamentales españolas corresponden a la carolina, derivada de la romana y la gótica, que es el resultado de la evolución natural de la llamada escritura francesa. Sin embargo, la cursiva gótica evoluciona en tres, que corresponden a la letra de albalaes, que toma el nombre de ese tipo de documentos y que se usa hasta final del siglo XIV; la cortesana, que alcanza un gran desarrollo desde el siglo XIV al XVI, y, por último, la procesal, que es una innovación de la cortesana para escribir más rápidamente y que se mantiene hasta el siglo XVII, en que se impone la escritura itálica o bastardilla, que corresponde a la caligrafía contemporánea.


Grafología


La Grafología es hoy por hoy una ciencia experimental, la cual tiende a través del estudio de la letra a profundizar en la sicología, caractereología y ánimo del individuo al que se estudia, en el momento en que se produjo el escrito. Por ello tiene capital importancia que de una persona se conserven diferentes manuscritos de épocas distintas y firmas en donde de manera muy particular queda reflejada la personalidad del signante.

La Grafología no es una ciencia nueva, pero siendo ya más que centenaria, no goza de la confianza de mucha gente, porque al igual que otras ciencias experimentales discurre aún entre lo auténtico y la fantasía. Sin embargo, la Grafología puede ser para el futuro una única y magnífica auxiliar para el conocimiento del carácter de nuestros antepasados, pues solamente a través de sus escritos, de sus firmas y de sus números, el día que los estudios grafológicos respondan totalmente a una realidad, podremos estudiar y valorar de una manera segura unos aspectos nuevos de nuestros mayores, con los cuales podamos ahondar en su carácter y en otras características hereditarias con una profundidad de varios siglos.

Hoy día se están llevando a cabo estudios serios de la letra y se nos anuncian conclusiones muy definitivas en relación a las diferentes observaciones que se han ido realizando en personajes históricos a través de los rasgos de sus escritos, comparados con la realidad del carácter que se conoce de una manera indudable a través de testimonios de ellos mismos y de anotaciones y observaciones de quienes les conocieron y con ellos convivieron.

La aplicación de la Grafología a la Genealogía es de la mayor importancia. La Genealogía documentada resulta fría, pues a través de ella se llega a datos exactos y ciertos, tomados de documentos auténticos, que nos facilitan fechas, ascendientes, lugares geográficos por donde pasaron éstos, pero carece del dato humano, del calor necesario para saber cómo era cada uno de nuestros ascendientes, qué carácter tenía, qué inclinaciones predominaban en él. Ese conocimiento de nuestros ascendientes próximos o remotos es muy importante. A lo más, conocemos su fisonomía por algún retrato, miniatura o pintura, pero a través de ellos no alcanzamos a valorar su carácter, su temperamento, su intimidad, como por otras circunstancias no haya llegado a nuestro conocimiento. Sin embargo, es muy probable que conservemos de nuestros padres, de nuestros ascendientes, alguna carta, alguna firma, algo que haya trazado con su mano sobre algún papel y que, a través de ese escrito, se nos pueda revelar su temperamento y carácter.
Es curioso observar muchas veces en un escrito de un ascendiente la coincidencia de letras y de rasgos que se conservan en el descendiente, pero de esta coincidencia no podemos obtener nada positivo si no sabemos aplicar los métodos grafológicos e interpretar con ellos las escrituras de quienes nos han precedido. De ahí la utilidad y la aplicación de la Grafología a la Genealogía.

Por ella podemos conocer de una manera muy aproximada, además del carácter y temperamento, posibles enfermedades crónicas sufridas por nuestro antepasado y otra serie de elementos de carácter patológico de los cuales podemos traer interesantes conclusiones para aplicarlos a nosotros mismos. Es indudable que únicamente a través de la Grafología es la sola manera de conocer mejor a nuestros antepasados remotos.

La Grafología Científica nos puede servir para conocer particularidades de los antepasados y también para que alguna de ellas, común en nosotros, sepamos de dónde procede y con ello se pueda establecer con mayor seguridad una serie de leyes de herencia y transmisión muy interesantes para su observación y sucesiva aplicación en las generaciones futuras. Con ello, la Genética, tan vinculada a la Genealogía, podrá dar un gran avance en sus consecuencias inmediatas en cuanto a predisposiciones, por ser comunes en la letra y, por tanto, en el carácter del individuo, reflejar sentimientos y temperamentos semejantes. El estudio de la letra de nuestros ascendientes puede ser decisivo para obtener consecuencias inmediatas, producto de las experiencias extraídas de las observaciones de varias generaciones, y con ellas sacar las consecuencias experimentales para aplicar a las sucesivas generaciones.

La Grafología considera como principio fundamental que la escritura es un gesto gráfico en el cual se refleja el dinamismo psíquico. Cada criatura humana tiene su propia fisonomía, su particular expresión y su manera de hablar y su forma de gesticular. De todo ello, el gesto gráfico es el que merece mayor garantía de estudio al poderlo examinar, comparar y observar con toda atención y tiempo, y por ello puede ser el mejor detector para diagnosticar el carácter del individuo.


Onomástica


El apellido nace en la sociedad romana y refleja la necesidad de distinguirse para no confundirse los unos con los otros. Sin embargo, el apellido tal y como hoy lo concebimos, tarda cerca de diecinueve siglos en establecerse y fijarse.

El apellido responde a una apelación propia de la familia linaje o pueblo. Lo que nosotros entendemos por apellido corresponde al nomen gentiliticum de los romanos. A éste aquellos unían el preanomen, que equivale al nombre propio de cada persona. El cognomen corresponde al linaje y, por último, el agnomen era el reflejo de una virtud, hecho o condición de una persona.

Los primeros apellidos se forman añadiendo al nombre del padre un prefijo o sufijo. En los árabes se antepone la palabra ben, mientras que los hebreos lo hacían con la palabra bar y los romanos con el uso de la terminación ius. Los primeros apellidos corresponden a los llamados patronímicos, que son aquellos formados con el nombre. A cada uno de éstos o a muchos de ellos se les une la procedencia toponímica para encontrar, por su similitud y abundancia, una diferenciación entre unos y otros y así nace el apellido compuesto, originado en el patronímico seguido del toponímico de origen y unido por la partícula de para denotar la procedencia.

Los principales grupos a que corresponden los apellidos son: a) Patronímicos originados en el nombre con o sin añadidura y composición del apellido con la procedencia o toponímico. b) Los toponímicos o tomados de la procedencia geográfica de la familia. c) Los constituidos por los motes o apodos; oficios o profesiones; por defectos físicos, anécdotas de algún ascendiente u otra causa que motivan a la apelación de aquél y el uso y continuación en la familia.

Por último, existe un grupo importante de apellidos que nacen en las inclusas, durante los siglos pasados, tomando miles de ellos advocaciones, nombres del lugar de la parroquia o en donde estaba radicada la inclusa y hasta el de algún bienhechor de la misma, y en éste se incluyen también aquellos que de otra religión, al bautizarse, tomaron el de sus padrinos o el de sus dueños -los esclavos- al producirse su liberación. En este último grupo se incluyen apellidos de lo más conocidos, pero que, sin embargo, carecen de vinculación alguna con la familia que primero los adoptó.


Toponímica


La Toponímica es el estudio de los nombres de los lugares atribuidos por el hombre en función a diferentes realidades más o menos relacionadas con ellos.

La formación de los toponímicos es muy variable y obedece al reflejo de la naturaleza en sus múltiples y diferentes aspectos o evoca una residencia humana, devoción o estructura social.

El toponímico se ha ido transformando a través del tiempo y su nombre de origen, debido a una serie de circunstancias, ha ido evolucionando hasta, en algunos casos, apartarse tanto de la realidad que origina su desconocimiento. Por otra parte, lugares que fueron pueblos se despoblaron, desapareciendo, otros, en cambio, han surgido al amparo de riquezas naturales o creadas por el hombre y otros han variado tanto el nombre de su primitivo origen, a través de la fonética, que han dado lugar a que se les pueda confundir.

Los grandes grupos de toponímicos en España corresponden a los de procedencia íbera, vasca, griega, romana, goda y cristiana, y dentro de cada uno de ellos se refleja su aspecto comercial, industrial, agrícola, feudal, religioso, patronímico o indicativo.

La variación del toponímico es constante, aunque eso no obedece a decenios pero sí a siglos, por lo cual muchas veces para llegar a la identificación de un lugar, es preciso recurrir a publicaciones muy antiguas y, a través de ellas, establecer su evolución.

Para la Genealogía la Toponímica tiene la importancia de que de ella se toman muchas veces los apellidos gentilicios, o de la persona, y otras, como ya hemos visto en la Onomástica, se añaden al patronímico para identificación de procedencia y diferenciación con otros patronímicos.

Los sufijos y los prefijos tienen una importancia constante en la formación de los nombres de lugares, y ello es muy necesario tenerlo en cuenta para las identificaciones, pero como ya hemos indicado, resultan de capital importancia las sensibles variaciones que, a través de la fonética, se han ido introduciendo en los nombres de lugares, originando apelaciones tan distintas a su origen que muchas veces producen error y confusión en las investigaciones, principalmente en zonas como en Galicia, en donde cada aldea y parroquia se cuentan por decenas con idéntica denominación.


Cartografía


La Cartografía se dedica al arte de trazar cartas geográficas y de interpretarlas. Interesa conocer por ella la situación de los lugares para el estudio de las emigraciones naturales a través de sus caminos, carreteras u otras vías de comunicación, ríos y fronteras, pues todo ello nos puede aclarar el movimiento migratorio de la familia hacia otros lugares cercanos, y con ello ayudarnos a la investigación para tratar de hallar sus partidas de matrimonio, principalmente, ya que este era uno de los motivos fundamentales que originaban el cambio de domicilio de un lugar a otro, especialmente desde el siglo XVI al XIX, como se tiene perfectamente probado y demostrado a través de los pleitos que, por otros motivos, se producen en las Reales Chancillerías y Audiencias.

En la Cartografía, además, se comprenden los planos de las ciudades, planos que por su división en parroquias, barrios, distritos y cualquier otra clase de demarcación administrativa, nos facilitan la averiguación de la radicación de la familia y por tanto el supuesto lugar donde se deben encontrar los documentos producidos durante ese período.

Si esto corresponde a los planos de lugares, los de los territorios nos proporcionan el emplazamiento de los ayuntamientos, partidos judiciales y todo género de distribuciones administrativas que nos pueden proporcionar la orientación económica de la familia por los catastros, contribuciones y registros y la de documentos por la radicación de los escribanos antes y notarios ahora.

Igualmente los producidos en relación a la Iglesia, nos facilitan la organización y distribución de sus diferentes organismos e instituciones: parroquias, arciprestazgos, diócesis y archidiócesis.

Todos los anteriores planos sirven para facilitar la situación de un lugar determinado en su espacio geográfico y todo ello es una ayuda segura para poder situar las fuentes en donde por diferentes razones que cada una de ellas responde a su vez a un motivo preciso, se originaron en su día; cúmulo de diferentes documentos que nos pueden interesar a nosotros para las reconstrucciones genealógicas.

Por último, esta cartografía, que podríamos denominar histórica, nos sirve igualmente para determinar y delimitar centros de cultura, agrícolas, industriales, económicos, artesanos y cualesquiera otros en relación con las diferentes y continuas concentraciones humanas encaminando la investigación hacia causas y pormenores en relación con las diferentes necesidades y actividades de la familia a través del tiempo.


Geografía


De las divisiones de la Geografía, las que interesan en su relación con la Genealogía son:

a) Histórica, que estudia la distribución de los pueblos y estado en la tierra a través de las distintas épocas.

b) Política, que trata de la distribución de la tierra en cuanto es morada del hombre.

c) Eclesiástica, que aun siendo integrante de las anteriores, es la que se refiere de modo particular a la distribución de las diócesis que por sus parroquias es donde se conservan los libros sacramentales y por ello reviste un particular interés para nosotros.

La unidad nacional formada por los Reyes Católicos inició la anulación histórica independiente anterior existente en los diferentes reinos peninsulares, constituidos a partir de ese momento en un conjunto bajo un solo cetro, aunque conservando sus denominaciones e instituciones: Castilla, León, Aragón, Navarra, Granada, Toledo, Valencia, Galicia, Mallorca, Sevilla, Córdoba, Murcia, Jaén, Algeciras, Gibraltar y Canarias, Principado de Asturias, Condado de Barcelona y Señoríos de Vizcaya y de Molina.

Carlos III discurre el régimen de intendencias que aunque de marcado carácter económico tenían determinadas funciones administrativas. Comienzan con 25, que constituyen el principio de la agrupación provincial que posteriormente se amplían a 34 y, por último, en 1799, se aumentan otras seis, alcanzando el número de 40. En 1822 se crea una nueva agrupación territorial, por la cual se divide a España en 52 provincias. Posteriormente, en 1833, se llega prácticamente a la clasificación actual, y en 1927 se segrega la de Las Palmas, de las Islas Canarias, constituyendo dos provincias.

Las provincias, en virtud de las diferentes administraciones, se dividen en términos provinciales que comprenden ciudades, villas, lugares, aldeas y parroquias, estando todo ese conjunto integrado en la unidad denominada Diputación Provincial.

La división judicial, da origen a la agrupación de municipios bajo la jurisdicción de uno sobre los otros por radicar allí el Juzgado y por lo cual toma nombre de Partido Judicial.

La administración de justicia se inicia con los Juzgados de Paz, Comarcales y Municipales, que revisten capital importancia para la Genealogía, pues en ellos se conservan los libros correspondientes a los nacimientos, matrimonios y defunciones; siguen los Juzgados de 1ª Instancia, establecidos en los partidos judiciales, Audiencias Provinciales y Territoriales y, por último, el Tribunal Supremo.


Geohistoria


Es una parte de la Geografía íntimamente relacionada con la Historia. Nuestro conocimiento no puede pasar de una noción general y muy reducida sobre ella, pues exclusivamente nos interesan unos determinados elementos, ya que la mayoría de los que la constituyen escapan a nuestras posibles actividades.

De particular interés es la distribución de la Iglesia por sus provincias eclesiásticas, su historia que nos denota su formación, la división de las mismas en parroquias, pues diferentes circunstancias han hecho variar estas divisiones, lo que supone que podamos conocer o ignorar dispensas matrimoniales, de consanguinidad u otras cuyos expedientes se conserven en las diócesis que a través de la Geohistoria podemos conocer su integración o separación de otras y años en que se produjeron, dándonos una situación de conjunto y particular en cada caso concreto.

Lo mismo sucede con la administración municipal o la división de las ciudades, barrios, distritos, calles y manzanas.

En muchas naciones, algo ya en la nuestra, figuran las demarcaciones jurisdiccionales de otro tipo de entidades mayores o menores que nos proporcionan datos y detalles de la sociedad de cada época y de la función que pudieran tener en ella nuestros ascendientes. A través de éstas podemos alcanzar los lugares en donde satisfacían los impuestos y pulsar el aspecto económico de nuestra familia.

En algunas naciones existen las señalaciones de castillos, pero en la nuestra, por nuestro régimen social, mucho más liberal que en otras, no es particularmente interesante para nuestras investigaciones por no haberse introducido en España el feudalismo como en otros países de Europa. Puede quedar reducido, en último caso, a las demarcaciones territoriales pertenecientes a las Órdenes Militares.

Incluimos en esta parte la señalización de los dos Catastros más importantes y antiguos de nuestra nación, aunque fundamentalmente se refieran al solo Reino de Castilla: el mandado formar por Felipe II en la segunda mitad del siglo XVI, y el ordenado por Carlos III también en la segunda mitad del siglo XVIII, y a través de los cuales podemos conocer un sinfín de detalles de la vida de nuestros antepasados en las dos épocas referidas.

Aparte de los citados Catastros, por diferentes razones, se efectuaban padrones en los Concejos y, a través de ellos, se puede conocer detalladamente la vida de los inscritos en los mismos, bajo múltiples y diferentes aspectos, que comprenden desde el número de familiares, posición social, económica, profesión, edad y calidad.


Simbología


Al símbolo se le puede considerar como la primera explicación que pretende dar el hombre de cuanto le rodea. Lo debemos considerar como cualquier ensayo de definición de una realidad abstracta, sentimiento o idea invisible de los sentidos, que han tomado realidad bajo una imagen u objeto. El símbolo es un conjunto que no admite composición o división porque todo él forma una unidad.

El conocimiento del símbolo tiene y ha tenido siempre una gran importancia histórica y, para descifrarlo e interpretarlo, se han empleado una serie de métodos y de sistemas que en su mayor parte han fracasado.

La civilización occidental señala el fin de la Simbología antigua, absorbida principalmente por Grecia y da origen a la Simbología cristiana que llega hasta nuestros días. Esta asimila gran cantidad de símbolos existentes, manteniendo o variando su interpretación. A partir de la Edad Media se observa una tendencia a reflejar y simbolizar las virtudes, modos de vida o hechos en objetos representativos.

La Simbología cristiana se divide en cuatro grandes grupos: litúrgicos, patrísticos, bíblicos y paganos. A su vez se clasifican en grupos idóneos: animales, vegetales, naturales, utensilios, elementos del cuerpo humano, abstractos, fabulosos y colores.

La Simbología está recuperando sus auténticos y naturales cauces desechando la fantasía heredada de los artistas de la Edad Media. El símbolo se suele mantener en lo esencial, pero la plasmación se adapta a cada época, es decir la realidad simbólica permanece, pero las formas de interpretación cambian y continuando la repetición de los símbolos es preciso adaptarlos a los diferentes estilos, sin olvidar que es necesario resaltar lo que se desea de manera simple, pero expresiva, sin llegar a lo abstracto puro e ininteligible. Bajo este aspecto estilístico es preciso que la figura o la idea que se represente recuerde o idealice aquello que se pretende plasmar en síntesis.

Cada símbolo tiene una especial dedicación que corresponde a una perfecta distribución y clasificación en diferentes grupos, cada uno de ellos reservados a ornamentos determinados, objetos o a ambientes, conjugando armónica mente la liturgia con la decoración.


Iconografía


Iconografía es la ciencia que se ocupa de la descripción de las imágenes, indicando sus vestimentas y atributos especiales para cada una de ellas.

Su otra vertiente, la que más nos interesa a nosotros, es el estudio de las imágenes en que se refleja al individuo y por ellas se pueden analizar los rasgos fisonómicos del mismo.

El estudio de la fisonomía puede ayudamos para la interpretación del carácter de un ascendiente, así como su ropaje nos puede indicar su actividad en la sociedad y época de su vida. Por ello, lo que damos en señalar como Iconografía, supera los límites de ésta para comprender en ella no sólo las vestimentas, sino todos aquellos objetos que puedan aparecer en un cuadro, en un grabado, en un daguerrotipo o en una fotografía, y que a través de ellos podamos dar una mayor vida al personaje que con los mismos se adorna. El conocimiento de las hechuras de los vestidos nos sitúa en la época en que vivió el individuo que nos interesa y los aderezos usados por el mismo, nos ponen de manifiesto su situación social. Las distinciones que aparecen en su persona nos ayudarán a la busca de otros antecedentes relativos al mismo, bien porque reflejan premios o sean atributos de cargos profesionales. Los unos y los otros nos encaminarán hacia archivos y documentos que nos puedan ampliar e ilustrar la vida de ese nuestro antepasado.
Pero sobre todo, hoy en día la fotografía, que refleja fielmente su imagen, en el futuro ayudará a establecer similitudes y parecidos con los cuales se llegarán a formalizar las leyes de la herencia que hoy se comienzan a estudiar, de una manera documental, pero con escasísimos antecedentes y, a la vez, limitada por otra parte a apreciaciones personales de grupos sociales muy reducidos.


Heráldica


Comienza en el siglo XI como signo distintivo de los guerreros que, cubiertos de las armaduras no podían diferenciarse en los combates. De ahí y por eso, principian a colocar en los escudos de armas unos signos, piezas o figuras para distinguirse los unos de los otros. La Heráldica nace unida a la Nobleza porque es preciso tener en cuenta que los combatientes de aquellas épocas casi todos eran nobles en los diferentes aspectos y grados que en la Nobleza existían y que iba desde el Señor de Vasallos hasta el Hidalgo, pero sin embargo, contrariamente a lo que estiman la generalidad de las personas, un escudo heráldico no tiene la menor relación y significado nobiliario alguno. Es algo que la ciencia Heráldica actual estima como una prolongación del apellido, aunque su uso, en España, esté regulado por unas disposiciones y decretos en cuanto a su atribución y certificación de blasones, cuya facultad correspondía única y exclusivamente al ya desaparecido Cuerpo de Cronistas Reyes de Armas.

La Heráldica militar fue imitada seguidamente por la Iglesia, que la empleó como signo de diferenciación para unos menesteres propios de su misión, es decir para autenticar los documentos, distinguir unas diócesis de otras y para el anillo o sello de su ordinario, cuyo escudo se usaba durante la vida del mismo, destruyéndose en el momento de producirse el óbito.

De la Iglesia pasó el escudo heráldico al uso de las mujeres, las cuales lo aplicaron a todo cuanto concernía con su propiedad y ajuar.

La Heráldica tiene relación directa con la Genealogía en cuanto hoy en día se considera como una prolongación gráfica del apellido. Sin embargo, la Heráldica tiene también un aspecto nobiliario aplicado a los blasones de los Grandes de España y Títulos del Reino, y aun a la misma nobleza llana o Hidalguía, pero su empleo, en todo ello, carece de valor sino se aplican las disposiciones y decretos que regula el uso, ordenación y atribución de los blasones.

La Heráldica tiene multitud de aplicaciones que comprenden un amplio campo, que se inicia en el deportivo y abarca al turístico, que comprende del municipal al corporativo, y del militar al profesional, y va desde el industrial al comercial.


Nobiliaria


Hoy día entendemos comprendida en esta Ciencia al Derecho Nobiliario propiamente dicho y a las pruebas de Nobleza.

La Nobleza se clasifica en Nobleza titulada, que continúa existiendo, aunque prácticamente y como es natural sin privilegio alguno, y la Nobleza llana, que en España se conoce con el nombre de Hidalguía.

La Nobleza titulada fue creada para recordar algún acontecimiento importante realizado por un individuo. Por ejemplo, en recuerdo a Cristóbal Colón, a su nieto, se le concedió el Ducado de Veragua.

El Hidalgo es algo netamente español, genuinamente español y sin conocer su verdadero origen, se supone que procede de los restos del ejército godo refugiado en todo el norte de España. El Hidalgo, al contrario que toda la Nobleza europea, convertida siempre en casta, es algo muy distinto. El Hidalgo dispone de unas tierras que ha obtenido por un repartimiento, por él mismo tomadas a los árabes en la Reconquista, tierras que cultiva a la vez que defiende por estar situadas en la misma raya, en la frontera musulmana; por ello tiene el deber de mantener armas y caballo con eficiencia para defender y defenderse contra las algaradas y correrías de los árabes. Es un militar-labrador, sobre el cual está basada toda la Historia de España desde el siglo VIII al XVII. en que, por otras razones, se inicia su decadencia.

Por esas obligaciones de vigilancia, de defensa, de asistir a las guerras, pues en aquella época no existían ejércitos permanentes, tenía ciertas prerrogativas y privilegios, «más del fuero que del huevo», ya que consistían en que si cometía algún delito no podía ser sometido a tormento, ni ahorcado, sino que tenía que ser decapitado; que en lugar de ocupar la cárcel común, tenía una cárcel aparte, pero con las mismas incomodidades que aquellas otras prisiones, y que tenía la obligación, aunque esto fuese un honor, de tener que ocupar los cargos de regimiento en los Concejos. Debía contribuir a una serie de derramas municipales, como eran para caminos, fuentes y murallas, aunque estaba exento de la mayor parte de las reales, en virtud de su obligación de acudir a la guerra.

El Hidalgo es una figura señera de nuestra Historia. Pobre, muchas veces de solemnidad, como así consta en los padrones y en sus partidas de defunción, pero Hidalgo, a lo que no renunciaba nunca, aunque en sus inscripciones figurase «fulanito de tal, Hidalgo, pobre de solemnidad».

Por otra parte, el llamado Estado Noble, era uno de los que constituía la sociedad hasta el primer tercio del siglo XIX. Desde 1836 quedó concluida esa diferencia de Estados, justamente; en base a las teorías igualitarias que se iniciaban y, a partir de entonces, la Nobleza, como Estamento, dejó de existir.

El Hidalgo, al contrario que todas las Noblezas europeas, fue un Estado o Estamento abundante, sin limitación alguna, en donde continuamente se incorporaban individuos por sus méritos culturales, militares, artísticos, industriales, comerciales o artesanos.


Genética


La especie humana obedece a las leyes de la herencia válidas para los animales y las plantas. Los primeros estudios genéticos se realizaron en las postrimerías del siglo XIX. Galton recoge datos basados en un cuestionario extraído de otros datos y noticias conservados en archivos privados y familiares ingleses. Seguidamente se amplían esos estudios en archivos familiares de Bélgica, Holanda, Suiza, Alemania, Dinamarca y Francia, y se llevan a efecto una serie de comprobaciones que confirman de una manera terminante las líneas generales promulgadas por Mendel, que establecen de una manera definitiva la teoría de la herencia.

Al cabo de una serie de estudios se han programado un cúmulo de circunstancias que regulan la transmisión de determinadas características en el género humano.

La genética (del término "Gen" que proviene de la palabra griega ????? y significa "raza, generación") es el campo de las ciencias biológicas que trata de comprender cómo la herencia biológica es transmitida de una generación a la siguiente, y cómo se efectúa el desarrollo de las características que controlan estos procesos.

La genética es una rama de las ciencias biológicas, cuyo objeto es el estudio de los patrones de herencia, del modo en que los rasgos y las características se transmiten de padres a hijos. Los genes se forman de segmentos de ADN (ácido desoxirribonucleico), la molécula que codifica la información genética en las células. El ADN controla la estructura, la función y el comportamiento de las células y puede crear copias casi o exactas de sí mismo.

La herencia y la variación constituyen la base de la Genética.

En la prehistoria, los seres humanos aplicaron sus intuiciones sobre los mecanismos de la herencia a la domesticación y mejora de plantas y animales. En la investigación moderna, la Genética proporciona herramientas importantes para la investigación de la función de genes particulares, como el análisis de interacciones genéticas. En los organismos, la información genética generalmente reside en los cromosomas, donde está almacenada en la secuencia de moléculas de ácido desoxirribonucleico (ADN).

Los genes contienen la información necesaria para determinar la secuencia de aminoácidos de las proteínas. Éstas, a su vez, desempeñan una función importante en la determinación del fenotipo final, o apariencia física, del organismo. En los organismos diploides, un alelo dominante en uno de los cromosomas homólogos enmascara la expresión de un alelo recesivo en el otro.

En la jerga de los genéticos, el verbo codificar se usa frecuentemente para significar que un gen contiene las instrucciones para sintetizar una proteína particular, como en la frase el gen codifica una proteína. Ahora sabemos que el concepto "un gen, una proteína" es simplista y que un mismo gen puede a veces dar lugar a múltiples productos, dependiendo de cómo se regula su trascripción y traducción.

La Genética determina buena parte (aunque no totalmente) de la apariencia de los organismos, incluyendo a los seres humanos. Las diferencias en el ambiente y otros factores aleatorios son también responsables en parte. Los gemelos idénticos (o monocigóticos), clones que resultan de la división del embrión, poseen el mismo ADN pero diferentes personalidades y huellas dactilares.


Bibliografía

-Cadenas y Vicent, Vicente de, Memorandum de la genealogía familiar, Madrid,
Hidalguía, 1975.

 
     
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